Los números no alcanzan, pero despabilan sobre ciertos hechos. Eso es lo que sucedió el sábado, cuando Obras le quedó chico a Viejas Locas y seis mil personas llenaron el estadio, pero unos cuantos se quedaron afueran y con las ganas.
Las banderas del rito estaban allí. Y los cantos de siempre.
Pero el verdadero festejo fue escuchar los nuevos temas de la banda, los de su tercer disco,
"Especial", que sin que haya sido un vuelco en su carrera, sí muestra su rock visceral que se apoya en los orígenes del género, crecido y mejorado. La buena noticia de saber que, cuando una banda cuenta con el apoyo creciente del público -que ve en ellos más socios que músicos estrellas- puede dedicarse a madurar artísticamente y devolver mejores canciones.
Con apoyos ocasionales de vientos y teclados, la banda de Piedrabuena tocó durante más de dos horas los treinta temas que también recorrieron mucho de sus dos discos anteriores.
Pity se ocupó, antes de cada canción, de introducirla con un comentario, un chiste que sus seguidores comprendían y que, para el buen observador, es una muestra de los caminos
por los que transita el grupo.
Que no son los del rock elaborado, pero que sí tiene la marca de los barrios más alejados de la ciudad, con sus códigos y sus valores. Y que conecta, de alguna forma y a través de las décadas, con el tango más orillero.
La fiesta fue completa. Tanto cuando el público saltaba con "Adrenalina" y con el acelerado "Botella de alcohol" -en el que se sumó Chizzo, de La Renga, en guitarra y voz- como en temas más reposados. Así, los encendedores en alto de "Legalízenla", la convirtieron en una canción de amor. O "Aunque a nadie", dedicada a un amigo que, dijo Pity, "ya no está, cambió de forma para volver a empezar". Y hasta se sacudieron de prejuicios para convertir sobre el pucho su tema "Una piba como vos", en "Una piba como Cris Miró".
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